POLO

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Mi nombre completo es José María Polo Trujillo y, “Polo”, aparte de mi apellido, es como me han llamado desde siempre quienes me han rodeado y, ya desde hace mucho tiempo, como me presento.

… Y ahora sí, contarte quien soy es algo poco menos que imposible, al menos para mí, así que lo que haré será mostrarme en 3 formas; una breve línea de cómo llegué hasta aquí, un textito salido de mi corazón, un cuento que enmarca un poco el porqué estoy en este proyecto y, al final del todo, por si te interesa, los títulos que pretenden acreditarme para esta labor.

Para facilitarte que vayas a la parte que más te interesa, si no te interesa el total, escribiré cada cosa en un color distinto:

SOBRE CÓMO LLEGUÉ HASTA AQUÍ:

Por no contarte toda mi vida, te resumo algunos hitos y quizá algún aprendizaje que dibujen el camino que me ha traído hasta aquí.

Empezaré en el momento en el que empieza de alguna manera la vida “propia”, en la adolescencia. En esa época, yo era una persona privilegiada, con buenas dotes cognitivas y físicas sin hacer apenas esfuerzo podía solventar las pruebas que el colegio y la vida en general me proponían, aunque alguna con más éxito que otras, sin embargo, esto no fue exactamente una ventaja y quizá te preguntes “¿por qué?”… Pues porque esa capacidad no estaba enfocada en nada en concreto; a esa edad, ya hay que decidir (o al menos había que hacerlo en mi época), si querías ciencias o letras y poco después qué carrera así que, no estándo acompañadas estas dotes con una visión clara de qué hacer en la vida, terminé haciendo geología simplemente porque no sabía que hacer y no me iba a esforzar por algo que no me entusiasmaba. No saber lo que quería, me llevó a no esforzarme y, no esforzarme a tener menos elecciones, y hacer lo que tocaba, a sentir cierto “vacío”.

Terminando la carrera, encontré gusto en una de las especialidades de mi carrera (la hidrogeología) y después de cursar el correspondiente máster de postgrado, enseguida empecé a ejercer mayoritariamente en el área que me gustaba sin embargo, tras varios años de práctica, el vacío seguía ahí, los cambios de empresa tratando de buscar condiciones o ambiente de trabajo mejores no lo hacían desaparecer y así, en la búsqueda, tuve la oportunidad de trabajar en cooperación internacional durante unos dos años en terreno y donde apenas el 20% de trabajo real era geológico, la mayor parte del trabajo se desarrollaba en docencia, reuniones y solución de problemas que muchas veces limitaba entre lo técnico y lo personal y social. En esa etapa, me di cuenta de que la parte en la que encontrábamos soluciones, que mejoraban la vida de las personas y que resultaba en el agradecimiento propio y ajeno que ello reportaba, era la parte que llenaba ese vacío, así que, en esa época, fue cuando empezó a germinar la semilla de lo que ahora hago y con ello, surgió el pensamiento de cambiar el rumbo de mi actividad laboral.

… Y ¿por qué terminé en desarrollo personal en vez de en cooperación?, pues básicamente por dos motivos; uno que la cooperación tiende a la solución de problemas, el foco está en el problema, mientras que el desarrollo personal pone el foco en la persona y la potencia para que sea capaz de solucionar sus problemas y más; el otro, estudiar desarrollo personal era parte de lo que necesitaba trabajar en mí también… Y así, estudié mi máster de coaching, experto en inteligencia emocional, y experto en PNL con lo que ahora trabajo, y más adelante incluso complementé estás áreas con conocimiento que me permiten un enfoque más holístico como es la reflexología podal, pero eso es ya parte de esta nueva etapa y más un complemento que una línea de acción.

Para terminar esta parte, decirte que hoy por hoy sé que podría trabajar en cualquier otra cosa sin perder el rumbo de lo que quiero en mi vida pues el escenario ha dejado de ser importante y lo que quiero, no está ahí, sino en ti, en mí y en nosotros.

SOBRE MÍ:

Esta parte, te la voy a contar en clave, pero espero que te llegue y te guste:

“Hoy quiero compartir mi vida contigo esperando que te aporte algo.

He nacido y vivo. Dicen que aún nadie ha vencido a la muerte y yo, lo dudo. Escondidos en vísceras bombeantes y en otras azuladas hasta que se tornan grises con el fin de su ejercicio, brillan como estrellas en millones de partículas aquellos que se atrevieron a seguirse a sí mismos, a seguir creando frente a lo creado, a crear lo absurdo y lo imposible, a separarse de, y a constituirse en “los pocos sabios que en el mundo han sido”[1]. Algunos tienen nombres y otros los tuvieron; de los que aún lo tienen nos queda la evidencia de una vida más allá de la muerte, y de los que ya no lo tienen, la evidencia de una vida eterna en el olvido, que si bien ha sido olvidada, no por ello es menos eterna.

Antes de nacer me fijé y pensé que si había de nacer lo tenía que hacer por morir, pues nacer y morir no es sino la misma cosa y se debe aprender a nacer como se debe aprender a morir, pues aprender a nacer no es si no aprender a morir y aprender a morir no es sino aprender a vivir. Así que nací, lloré, me cagué, me levanté y anduve hacia la muerte.

Nadé en obligaciones y compromisos alcanzando estatus entre los reconocidos. Fui al campo y me perdí siendo niño para encontrarme, entre guiños, libertades y tropezones, en hombre adolescente y convencido. Pedí un hermano y encontré un compañero, quería un juego y encontré un amigo, disfruté de un amigo y encontré un ejemplo. Creé mundos y personajes de carbón porfiados de esperanzas, sueños y expresiones inconfesables. Di piruetas en el aire y sobre barras de madera dibujando desafíos y borrando albedríos. Mentí por vivir y aprendí viviendo que es mentira la vida que entre engaños se ha de ir escondiendo. Robé el arma a Cupido creyendo que el arco estaba el secreto de sus alas y descubrí que no había magia tal. Traté de usarlo como un lápiz en expresión de un alma ansiosa de autonomía y libre de ataduras. Me descolgué y salté desde precipicios naturales y construidos para descubrir en el descenso que los momentos más cortos son los momentos eternos. De recuerdos me armé para nuevos triunfos conseguir, mas lo que logré también me hizo perder, o pagar, o sufrir asuntos tales, que tan difícil es ponerles nombre como fácil es sentir su peso. Camine sólo yendo acompañado y en el camino aprendí que no era sino un caminante en el camino para otros sabido y para todos desconocido, siempre solo y siempre rodeado. Cociné, ensobré, figuré, repartí, y no sé cuantas mil cosas más me eligieron para prepararme a un mundo tan cambiante como permanente. Luché por un oval con huesos rotos, manando sangre, escondiendo dolores, sin buscarle el sentido a hacerlo, el sentido me encontró a mi luchando, sangrando, dolorido y viviendo, y al encontrarme, me presento a un titán, a un David, a un indomable y a un poeta que había dentro mi. Estudie el idioma de las rocas para saber sus secretos y las rocas me contaron el único secreto que merecía la pena saber: Sólo lo podrás saber si no lo intentas saber. Serví a la alegría de los demás con rayos de esperanza y sonidos de recuerdos que permanecen. Tuve amigos que me dejaron sin decir adiós y mientras se iban, me enseñaban que no hay adiós, sino un hasta siempre, y que despedirse no es sino la ruptura de una falsa promesa nunca expresada.

Una vez viví en un centro. Viajé cerca, viaje lejos, viajé por un rato y por muchos ratos, me convertí en ardilla y en jaguar, en baobab y en subterráneo, encontré y reencontré, visité y me visitaron y en todo el tiempo no hallé sino regalos de todos los tipos, grandes y pequeños, pequeños y grandes, trocitos de corazones, experiencias y aprendizajes propios y compartidos. Regalos, unos dados y otros robados, pero todos preciosos como sólo pueden serlo los que nos dejamos regalar. Dirigí, enseñé, investigué luché, gané y perdí. Inventé, consentí, renuncié, compartí, volví a mentir, tropecé me levanté, me volví a perder y me volví a encontrar. Aposté por el amor y gané y gané y gané más allá del recuerdo del sufrimiento que me produjo el no saber amar bien. Negocié, planifiqué, busqué y encontré de nuevo. Me zambullí en mi mismo para entenderme y entender a los demás, descubrí en ello una nueva forma de andar, de hacer camino, de ser más allá de lo que soy, de sentir más allá de lo que siento y mientras tanto, recordé como se volaba sin saber que antes ya había sabido. Me motoricé, me desmotoricé, me volví a motorizar, esta vez en solitario, y encontré nuevas dimensiones dentro de mí. Fallé y acerté, disfruté y sufrí, tuve miedo y lo vencí, tuve miedo y me venció. Y dando por seguro que ya te haces una idea de que esto es sólo un resumen, un extracto, un recuerdo fugaz, termino parafraseando a mi buen Cyrano, “lo hice todo y no hice nada”…

Y ahora me encuentro aquí, naciendo de nuevo cada día, con mis virtudes y mis imperfecciones, tropezándome y levantándome y siendo consciente de que vivir en mi sin vivir en ti, es morir cada día sin haber vivido, y que aprender a vivir no es sólo aprender a morir, sino que es no morir jamás, en ti, en vosotros, en todos, en todo.”


[1] Extracto de “Vida retirada” (Fray Luis de León; 1527-1591))

UN CUENTO:

Las estrellas de mar -Cuento sufí

Había una vez un escritor que vivía a orillas del mar; una enorme playa virgen donde tenía una casita donde pasaba temporadas escribiendo y buscando inspiración para su libro. Era un hombre inteligente y culto y con sensibilidad acerca de las cosas importantes de la vida.

Una mañana mientras paseaba a orillas del océano vio a lo lejos una figura que se movía de manera extraña como si estuviera bailando. Al acercarse vio que era un muchacho que se dedicaba a coger estrellas de mar de la orilla y lanzarlas otra vez al mar.
El hombre le preguntó al joven que estaba haciendo. Este le contestó:
– “Recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar; la marea ha bajado demasiado y muchas morirán”.
Dijo entonces el escritor:
-” Pero esto que haces no tiene sentido, primero es su destino, morirán y serán alimento para otros animales y además hay miles de estrellas en esta playa, nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas”.

 El joven miró fijamente al escritor, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó ” para ésta… sí tiene sentido”.

El escritor se marchó un tanto desconcertado, no podía explicarse una conducta así. Esa tarde no tuvo inspiración para escribir y en la noche no durmió bien, soñaba con el joven y las estrellas de mar por encima de las olas.
A la mañana siguiente corrió a la playa, buscó al joven y le ayudó a salvar estrellas…

LOS TÍTULOS:

  • Master en coaching, por la Universidad Camilo José Cela.
  • Experto en coaching personal, por 5C asociados (título respaldado por ASESCO -Asociación Española de Coaching).
  • Experto en Inteligencia Emocional, por la Universidad Camilo José Cela.
  • Experto en PNL-T (Programación Neurolingüística – Transpersonal), por la Universidad Internacional Bircham.