Ignacio (mediación)

Foto RCPEstoy encantado de estar aquí hablando contigo y de colaborar en esta labor tan necesaria en nuestra sociedad hoy en día que hace RCP aportando mi granito de arena como especialista en resolución alternativa de conflictos y mediador.

ALGUNAS PINCELADAS SOBRE MI:

Concibo la vida como la continua búsqueda de la felicidad. Creo que la felicidad plena no es una realidad, sino un objetivo que nos guía. Nuestra existencia está compuesta de buenos y malos momentos, de alegrías y tristezas, de ilusiones y miedos, y de nosotros depende inclinar la balanza hacia un lado u otro.

Con frecuencia no podemos elegir que nos pasa, pero si decidir cómo gestionarlo y como nos afecta.

No hay mayor sensación de poder que tomar las riendas de tu vida aceptando que vives rodeado de cosas que no dependen de ti y que jamás podrás controlar.

Hace tiempo que me divorcié de la perfección y decidí no perseguirla, ya que me quitaba demasiado tiempo para hacer las cosas bien.

Pienso que no hay viaje más apasionante que a nuestro interior, conocimiento más útil que el de nosotros mismos y camino más interesante que el nuestro propio.

Creo en la toma de decisiones informada (siendo conscientes de la realidad y aceptándola), libre (sabiendo que podemos elegir entre otras alternativas) y responsable (asumiendo las consecuencias de nuestros actos sin parapetarnos en los demás).

DE DONDE VENGO, DONDE ESTOY Y A DONDE QUIERO IR EN MI VIDA PROFESIONAL

En cuanto a mi trayectoria profesional, vengo del mundo de la abogacía, y actualmente he apostado por el derecho colaborativo. Me he especializado en la resolución alternativa de conflictos, ejerciendo como mediador por cuenta propia y para diferentes asociaciones y como árbitro en ASEMED.

Mi otra faceta profesional, con la que disfruto mucho dada mi pasión por la divulgación y la docencia, es la formación.

Mi labor como abogado me ha permitido acumular experiencias en torno al conflicto; como afecta a las personas, cómo reaccionan las personas ante él, como lo afrontan, como lo perciben, como intentan solucionarlo, y como se sienten tras “conseguir solucionarlo”.

A menudo las formas que se utilizan en la jurisdicción ordinaria parten de una visión contenciosa del conflicto, y la experiencia me dice que este proceso, tanto si finalmente se gana como si se pierde, es sumamente dañino para las partes y genera sensaciones y sentimientos negativos.

Con frecuencia, un conflicto con otro encierra “pequeños o grandes conflictos” con nosotros mismos, con nuestra auto identidad o auto percepción y con nuestra postura o rol en dicho problema.

La manera habitual de afrontar un conflicto es desposeyéndonos de él; bien volcando la responsabilidad en el otro, bien dejando en manos de un tercero la búsqueda de una solución.

Estoy convencido de que existe otra forma de resolverlos, en donde las personas cojan las riendas de su vida, asuman con asertividad su responsabilidad, separen el problema de la persona con la que lo tienen, y juntos colaboren en una solución satisfactoria para ambos.

Mi experiencia me dice no solo que esto es posible, si no que el impacto que produce esta forma de encarar los problemas es sumamente positivo y transformador. La vivencia de afrontar nuestros conflictos de esta manera y comprobar de lo que somos capaces, es tremendamente potenciadora y en ocasiones es el primer paso para un proceso de crecimiento personal.