¿Y NO ES MEJOR SER FELIZ EN LA IGNORANCIA?

Esta semana pasada tuvimos una reunión de uno de los grupos de desarrollo personal que tenemos en marcha, con personas que se están iniciando desde la Inteligencia Emocional, y surgió un comentario: “jo! No estoy segura de si es mejor avanzar en este camino o seguir feliz en la ignorancia”… y es que, descubrirse y reconocerse como dueño de la propia vida, sentir el poder que tienes sobre lo que es tu vida, está inevitablemente ligado a sentir la responsabilidad que lo acompaña; la responsabilidad de hacer de tu vida lo que quieras que sea, sin excusas.

Como pequeño paréntesis, quiero apuntar que no estoy con esto haciendo apología de que todas las personas podamos conseguir todo lo que nos propongamos (a pesar de que gran parte de la mercadotecnia que rodea el desarrollo personal verse sobre esto). Está claro que, de igual manera que no todos pueden ganar el oro en las olimpiadas, independientemente del esfuerzo o cuales quiera otros recursos que se hayan puesto para ello, no todos los objetivos que nos planteamos tienen por qué alcanzarse. Estoy hablando de que tú puedes ser dueña o dueño de elegir cómo vives cada momento y qué decisiones te llevan a vivir en paz en tu interior y cuales no, más allá de las deslumbrantes luces del escenario y la obra que se representa a tu alrededor.

Y dicho esto, que no por ser un paréntesis deja de aportar forma a esta idea… ¿no es mejor vivir en la ignorancia? Si resulta que sientes vacío en tu interior, te sientes como una pelele de las situaciones y de lo que decida el entorno, atrapada en una vida que no te satisface ¿No es mejor aprender a resignarse, armarse de estoicismo y buscar la felicidad en los pequeños-grandes momentos de disfrute que te ofrece el devenir, que complicarse y buscar una mejora que a menudo resulta trabajosa, que requiere de ti tiempo y recursos, y que además, aparentemente, resulta poco efectiva en el corto plazo?… Si por contra puedes considerar tu vida casi como un camino de rosas, donde has logrado el trabajo que te gustaba donde además tienes el reto y la superarte, la realización como trabajador/a, una pareja que te da seguridad, estabilidad y/o que te complementa, e incluso una maravillosa descendencia que te hace sonreír y dar, o redondear, el sentido a la vida ¿para qué complicarse?

Decía Eric Berne, psiquiatra y padre del análisis transaccional, que al principio de su carrera se imaginaba a sus clientes como personas encerradas en una urna de cristal y llena de mierda hasta el cuello, que al acudir a su consulta irían ansiosos por que les abriese la puerta de la urna para que saliese la mierda y liberarse, pero he aquí su sorpresa al descubrir que la gente no quería eso, se habían acostumbrado a ese estado e incluso les parecía una mierda protectora, al fin y al cabo tenía una temperatura constante y el olor ya ni se notaba… la petición intrínseca detrás de cada cliente no era la de salir de la mierda sino la de que nadie les hiciera olas para que no llegara a sus bocas y la tragaran. Y es que es común en la humanidad no pretender más esfuerzo del necesario, como si de no contradecir la ley universal de que todo cuerpo tiende a su estado de mínima energía. ¿Por qué ir en contra de algo tan natural entonces? ¿No crees que no es más que otro engaño para sacar dinero de una sociedad desunida donde sus miembros buscan desesperadamente un sentido que dar a sus vidas o al menos una mejora?

Sin duda es una posibilidad y, personalmente, creo que en muchos casos es así. Parece tener más sentido cultivar el estoicismo, la paciencia, la humildad, la resignación y ocupar lo que queda con buen humor y buena voluntad, sin olvidarse, claro, de cultivar un amor incondicional hacia todos para frenar los impulsos violentos “cuando todo falla”, que cultivar la consciencia, la responsabilidad, la implicación, el compromiso, la proactividad, la curiosidad modesta que tanto trabajo y dificultades te pueden traer (sin olvidar eso sí, el buen humor, que en ese punto sí coincidimos). Estoy tan seguro de que es mejor la felicidad ignorante como de que, por esa razón, te cambiarías ahora mismo por una persona con, digamos, un síndrome de down (asumiendo como verdaderos los tópicos que sobre ellos se tienen en cuanto a su facilidad para la felicidad intrínseca, las limitaciones de consciencia que tienen y su gran capacidad de disfrute, similar a la de un niño) siempre que te asegurara un entorno que cuidara de ti. Además, seguramente pienses que tus hijos, si los tienes o te gustaría tenerlos, estarían mejor en las mismas condiciones o si estuvieran bajo la tutoría de personas con las limitaciones de consciencia que se asumen en personas con este síndrome.

Como sé que el texto escrito carece de los tonos del emisor del mensaje, aunque me parezca más que lógico, aclaro que lo digo de forma irónica.

Es cierto que trabajar en el crecimiento personal puede dar tanta pereza como empezar a ir a gimnasio o empezar una dieta. Es cierto que es más cómodo seguir pensando que hay poco que puedas hacer en tu vida y seguir haciendo responsable a Mariano (Rajoy), Manuela (Carmena), la estafa financiera mundial, el parasitismo social, el sistema, tu jefa, tu compañero, tu pareja, tu padre y a tu vecina, de todos los males que te acontecen (o casi) o al menos de tu desdichas y, en el fondo, de tu insatisfacción vital, a fin de cuentas, en un entorno así, bastante haces!. Es cierto que una vez que uno se acostumbra al olor, la mierda puede resultar calentita y acogedora. Eres libre de elegir tu nivel de implicación con tu vida y dejarla pasar procurando no hacerte mucho daño en el camino. Eres libre de elegir hacer responsables a los demás. Eres libre de la implicación que quieres poner en el entorno que quieres procurar a quienes depende de ti para crecer. Eres libre de decidir vivir en el nivel de consciencia que alguien ha querido y/o sabido darte. Tu eliges en libertad y yo sólo espero que sepas ser coherente con esa elección.

Decía un proverbio, creo que japonés, que cuanto más se suda en tiempo de paz menos se sangra en tiempo de guerra. Apostar por el crecimiento personal es cultivar una nueva conciencia de ti, una conciencia que te empodera y te hace libre, una conciencia que te potencia como ser humano, una conciencia creadora capaz de hacer que tu vida vaya llenándose de tu sentido y haciéndose plena, una conciencia que permite enamorarse de la vida y de ti misma como tantas veces hemos descrito el amor incondicional hacia un ser querido, no solo con sus defectos sino incluso en sus defectos. Iniciar el camino del crecimiento personal y seguirlo, es empezar a crear tu vida, no tal y como quieres imaginarla, sino tal y como quieres sentirla. Trabajar en tu crecimiento personal es crear tu sentimiento vital.

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